viernes, 29 de julio de 2016

Tarta sin gluten de terciopelo rojo y crema de queso (sin lactosa)

¡Hello, hello!

¿Cómo van esos pasteler@s?

¡Por fin estoy aquí de nuevo! Y cargada de muchas sorpresas y recetas, ¡cómo no!

Además, estoy preparando un nuevo proyecto que son ¡videorecetas! Así podréis ver como se hacen en el momento. Espero que os gusten.

Bueno, después de estar varias semanas sin pasar por aquí (entre exámenes, trabajo y viajes... ¡no daba abasto!), no podía volver con una receta normalita... Así que os traigo una super-receta: ¡TARTA DE TERCIOPELO ROJO Y CREMA DE QUESO!

Esta tarta es una maravilla, en serio, está deliciosa. Se la hice a mi hermana por su cumpleaños y se quedó impresionada, tanto el sabor como la presentación fueron increíbles. Sin duda, los dejaréis impresionados a todos.

Además, os pondré también la versión sin lactosa, para que no tengáis ninguna excusa y podáis disfrutarla todos. ¡Os dejará sin palabras!

En fin, que sin demorarme más, os explico la receta.

¿Ya habéis encendido el horno?

TARTA DE TERCIOPELO ROJO Y CREMA DE QUESO (Sin gluten)

(Receta adaptada de "Objetivo: tarta perfecta" de Alma Obregón)

Ingredientes:
Para el bizcocho:
  • 120 ml de aceite de oliva suave
  • 320 g de azúcar blanco
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas de cacao en polvo
  • 1 cucharada de Red Velvet
  • 3 cucharaditas de extracto de vainilla
  • 250 ml de leche
  • 2 cucharadas de zumo de limón
  • 200 g de harina Mix Dolci de Schär
  • 100 g de harina de arroz
  • 1/4 de cucharadita de goma xantana
  • 1 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 2 cucharaditas de vinagre blanco

Para la crema:
  • 250 g de mantequilla a temperatura ambiente (Os recomiendo la de Kerrygold)
  • 600 g de icing sugar
  • 250 g de queso cremoso tipo Philadelphia
  • 6 cucharadas de leche

Preparación:

Lo primero que haremos, como ya lo adivinaréis, será pesar todos los ingredientes, y engrasar los moldes, o el molde, que vayamos a usar.

Después, mezclamos las harinas con el cacao en polvo y la goma xantana. Tamizamos y reservamos.





Ahora, ya podemos encender el horno a 180 ºC y... ¡nos ponemos manos a la obra!


Antes de nada, debemos preparar el buttermilk. Para ello, añadimos a la leche el zumo de limón y removemos, dejaremos reposar hasta que lo vayamos a usar.





En otro bol, ponemos los huevos, el aceite y el azúcar, y vamos mezclando hasta que obtenemos una masa clara, homogénea y un poco espumosa.

Cuando está lista, vamos agregando la mitad de la mezcla de harinas y batimos a velocidad baja hasta que se mezclen.



A continuación, añadimos el buttermilk, y vamos mezclando para que se integren bien.



Cuando está bien mezclado, ponemos la otra mitad de la harina y mezclamos a velocidad baja, hasta que la mezcla sea homogénea.



En ese momento, mezclamos el vinagre y el bicarbonato en un vaso, y cuando salgan las burbujas lo echamos en la masa. Seguimos mezclando para que se integre bien.

Incorporamos la vainilla y el red velvet a la mezcla y seguimos removiendo.




Si usamos más de un molde, repartimos la mezcla entre los que vayamos a usar (yo use un molde de 25 cm de diámetro, lleno hasta arriba, y luego lo partí por la mitad) y horneamos unos 30-35 minutos, o hasta que el palillo nos salga limpio. Aunque el tiempo de horneado variará, según el grosor de vuestros bizcochos.

Dejamos enfriar en el molde unos 10-15 minutos, hasta que este templado, y después los desmoldamos y pasamos a una rejilla, hasta que se enfríen por completo.


Mientras se están enfriando, podemos ir preparando la crema. Aunque os recomiendo que no tengáis prisa, si cuando os ponéis a prepararla están casi fríos, muchísimo mejor.

Para preparar nuestra deliciosa crema de queso, lo primero que haremos será tamizar el icing sugar y ponerlo en el bol, junto con la mantequilla (cortada en daditos y a Tº ambiente) y la leche.

Recordar... ¡cubrir el bol! (Para no poner perdida toda la cocina). Batimos a velocidad baja, para que el azúcar se integre bien en la mantequilla. Y después, subimos la velocidad (media-alta) y mezclamos hasta que adquiere una textura cremosa y consistente.

En este momento, añadimos el queso (que debe estar muy frío) y lo mezclamos a velocidad baja. Cuando está más o menos integrado, vamos aumentando la velocidad hasta obtener una crema homogénea y cremosa. Recordad: ¡Cuanto más batamos, más consistencia tendrá nuestra crema!


Y... ¡lista!

Ahora ya podemos decorar nuestra preciosa tarta. ¡Vamos a por ello mis reposter@s!

Antes de nada, debemos igualar todos nuestros bizcochos, para no encontrarnos con la sorpresa de que nuestra tarta se ha quedado torcida (¡no os hará gracia!). Lo podéis hacer con un igualador de tarta, que además os servirá para cortar las capas del bizcocho, si solo habéis usado uno, y que os salgan iguales, o con un cuchillo de sierra fina y muy largo (para que llegue de un extremo a otro de la tarta)... ¡Además de mucho pulso! Para que os salga lo más recto posible.


Cuando ya tenemos nuestros bizcochos igualados... ¡ya podemos rellenarlos!

Lo primero que os recomiendo es que, en el plato o base donde vayas a poner vuestra tarta, pongáis un pegotito de la crema para que os sirva de "pegamento" y evite que la tarta se resbale.

Vamos poniendo el relleno, del grosor que queráis. Pero con cabeza, no pongáis demasiado y que luego os falte, o que tengáis más relleno que bizcocho, siempre es mejor que sobre que no que falte. (Como decía mi madre).


Mi consejo es que no hagáis un relleno que sea más grueso que la mitad del bizcocho, para que podáis apreciar mejor el contraste de sabores.

Cuando ya tenemos nuestro relleno puesto y nuestra tarta casi montada, le ponemos la capa "sujeta-migas".

Y... ¿qué es la capa "sujeta-migas"?

Pues es la capa de crema con la que vamos a cubrir toda nuestra tarta, y que nos ayudará a que las migas de los bizcochos se queden pegadas y no nos estropeen la decoración. Cuando tenéis toda la tarta cubierta de crema, y no queda ningún trozo de bizcocho descubierto; la metemos en la nevera para que se endurezca.

En este momento, podéis aprovechar para hacer la decoración de vuestra tarta, si vais a usar figuritas de fondant. Aunque, si son figuritas que necesitan estar "fuertes" para mantener la forma, o de mucha elaboración, os recomiendo hacerlas el día de antes; ya que de esta forma se habrán secado muy bien y no sufrirán ningún percance, además de no quitaros mucho tiempo del montaje de la tarta.

Pasado el tiempo de enfriado, sacamos la tarta de la nevera y podremos ver que la crema se ha puesto dura. Ahora, volvemos a cubrir la tarta con una buena capa de crema, y vamos alisando los lados y la parte de arriba. Debemos intentar que nos quede lo más lisa posible, para que a la hora de poner el fondant, no nos quede ningún bultito o desnivel.

Si vemos que se pone blanda, volvemos a meter en la nevera.

Cuando ya tenemos toda la superficie lisa y bien fría, podemos cubrirla con fondant.

Estiramos una buena porción del fondant del color o colores que queramos, hasta que nos quede lo más fina posible, pero que nos permita trabajar sin romperse. Y cubrimos la tarta, si es muy grande, mejor que pidáis ayuda, o la podréis liar... (habla la voz de la experiencia...).

Alisamos muy bien el fondant, con ayuda de los alisadores de fondant.


¿Qué no tenéis? ¡No pasa nada!

Coged un trozo de cartón, de unos 10x10 cm, que sea grueso (para poder aguantar), le redondeáis las puntas y lo cubris muy bien con papel de aluminio. Tenéis que aseguraros de que una parte, con la que trabajaréis el fondant, quede lo más lisa posible.

Y... ¡ya tenéis vuestro alisador improvisado!

Eso si, si queréis hacer muchas de estas tartas... ¡compraros un alisador de fondant! Ya que esto solo es un apaño, y tienes que hacerlo despacito y con mucho cuidado, puesto que no es lo mismo.

Cuando ya tenemos nuestra tarta cubierta, ¡ya podemos decorarla como queramos!

¡Dejad volar vuestra imaginación! Y crearéis cosas maravillosas.



ADVERTENCIA: Como es crema de queso y no buttercream, se humedece muy pronto el fondant, así que paciencia, y mantener la crema fresca, metiéndola de vez en cuando en la nevera. Si la vais a comer pronto, la podéis guardar en la nevera tranquilamente. Pero si vais a tardar, lo mejor es que la guardéis dentro de una caja de cartón en la nevera, para conservar mejor el fondant de la humedad. A no ser que tengáis una nevera no-frost, en cuyo caso tranquilos, no se os estropeará el fondant.

Bueno, y creo que con esto, como vuelta a la carga ya esta bien, ¿no creéis? Ya os he dado bastante trabajo por hoy.



Así que espero con muchas ganas vuestras creaciones y ver como habéis dejado volar vuestra imaginación. Y no os preocupéis si no sale bien a la primera... ¡Volved a intentarlo hasta conseguirlo! ¡No os rindáis nunca! Esto es práctica, y más práctica.

¡Ahiii! Que se me olvida...

Esta tarta también la hice sin lactosa para un encargito de cumple (shhhh...) y quedo espectacular.



Por si queréis hacerla, es todo igual, menos algunos cambios:

En el bizcocho: sustituimos los 250 ml de leche, por leche entera sin lactosa

Y para la crema necesitaremos:
  • 250 g de mantequilla sin lactosa
  • 600 g de icing sugar
  • 6 cucharadas de leche entera sin lactosa
  • 500 g de queso philadelphia sin lactosa

Asi que... ¡ya no tenéis escusa para no hacerla!

Espero con mucha ilusión todas vuestras creaciones.



¡A por ellos mis cociner@s!

¡Hasta la próxima receta! Que espero que sea pronto.


"Cuando nuestros sueños se han cumplido, es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad" Ninon de Lenclos.